Entry: Instrucciones para mi muerte Tuesday, February 19, 2008



Nada tan mórbido, advierto. Cuando muera quiero velorio y esas cosas tan agradables. Mi esposa no será molestada con cosas tan triviales como recibir pésames. Mis hijas, sin embargo, harán todo lo contrario.

 

Siendo ellas personas sarcásticas e inteligentes (porque más me vale que lo sean), recibirán todos y cada uno de los pésames con respuestas sarcásticas e inteligentes.

 

 ­           -Lamento lo de tu padre. Era tan bueno…

            -Ni tanto, robaba de las limosnas en la iglesia.

            -Pero si tu padre nunca fue a misa.

-Qué poco conoció usted a mi padre. Haga el favor de guardar silencio.

 

-Quiero que sepas que estamos aquí para ustedes con lo que necesiten.

-Le pedí amablemente que guardara silencio.

 

Y así responderán a cada una de esas cosas. No digo que no se entristecerán por mi muerte, pero a mal tiempo, buena cara. O eso he escuchado.

 

Una vez recibidos los pésames, todos se preguntarán quién es el viejo dormido en uno de los sillones bajo circunstancias tan poco adecuadas.

 

            -Es el tío Gabriel. Lloró mucho, por eso lo dejamos dormir.

 

Unas cuantas horas de café, galletas y conversaciones necesariamente superficiales, se abrirá el a-ta-úd (lo divido porque no me gusta esa palabra) y mis hijas armarán tremendo drama porque el cuerpo ha desaparecido y en su lugar hay un montón de libros sobre teoría literaria.

 

Por cierto, ese que estaba durmiendo no era el tío Gabriel.

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