Entry: Veinte días bajo tierra Tuesday, November 20, 2007




“Yo soy ese fósil que está frente a mí.
Corrijo,
yo soy ese fósil que algún día estará frente a mí”
-Leonardo da Jandra

Armadura del extraño sueño que tuve la noche del 19 de noviembre del 2007, en el cual no participé más que como espectador.

    Los maestros dedicados a la academia gozan de más facultades que los simples académicos. Están en una posición de poder que la mayor parte de nosotros no alcanza a comprender. El héroe de esta historia será un profesor académico. El escenario será la universidad que soñé, construida al estilo de las academias griegas clásicas (incluso construida en la cima de una montaña). Pero todos sabemos cómo funcionan los sueños.

De aquí se desata una historia algo trillada. Nuestro héroe conoce a una de sus nuevas alumnas, a la cual llamaremos Pilar. Nuestro héroe, académico de temas filosóficos, no puede evitar sentirse atraído por la belleza (no solo superficial) de Pilar, y algo así como viceversa, porque gradual pero rápidamente crece entre ellos una relación que solo aquellos que se han visto en estas situaciones pueden entender.

Las tradiciones en aquel tiempo dictaban que no solo se hablara de amor, sino que se demostrara qué tan verdadero era. Esto se lograba cuando el pretendiente se encerraba en un calabozo por veinte días, a veinte metros bajo tierra.

Con la finalidad de probar su amor, nuestro héroe se recluirá en uno de los calabozos de la universidad (porque así funcionan los sueños), atado de manos por unos grilletes metálicos unidos a la pared. Pasará veinte días de hambre, frío y oscuridad por probar su amor por Pilar. Mientras tanto, ella gozará de sublimes banquetes y fiestas (porque así funcionan los sueños) y el tiempo pasará tan rápido que parecerá que el sol deja una estela de luz en el cielo mientras pasa.

Al vigésimo día, Pilar recibe una carta de nuestro héroe, en la que que se puede leer con una caligrafía admirable:

    Vigésimo día. El alba se asoma a gritos por la puerta. Se escuchan     los cantos terrestres.

Se dice que los cantos terrestres sólo se pueden escuchar a veinte metros bajo tierra cuando amanece. La diferencia aquí  es que no solo los escucha el recluido, sino también Pilar. Esto no suele ser visto como buena señal.

El alba que se asomaba tenía colores azules y naranja, como aquellos amaneceres nostálgicos. Pilar corrió a la universidad preguntándose si debería pedir que desencarcelen a su amado o si debería dejarlo más tiempo. La respuesta fue pedirle al capataz (porque así funcionan los sueños) que lo libere en seguida.

Al abrir la puerta se encuentra con unas escaleras que llevan a un cuarto muy oscuro. Una vez alumbrado con antorchas, horrorizada, nota que solo los huesos de nuestro héroe se encuentran atados a los grilletes, colgados por su propio peso.

Siguiendo la tradición, se pulverizan los huesos y se le entregan a Pilar en un tubo de metal sellado. Pilar estalla en llanto y entre los sollozos dice muy claramente:

    -No era amor verdadero. ¿Qué esperanza puedo tener ahora?

Fin del sueño. Despertar de golpe y preguntarse qué esperanza tengo ahora.

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